Tabaco

Según la Organización Mundial de la Salud, la adicción al tabaco, es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo y es causa de muerte en promedio 15 años antes de lo naturalmente previsible.

El tabaco contiene nicotina, pero ésta es sólo una de las miles de sustancias químicas presentes en el mismo, entre las que destacan: amoniaco, dióxido de carbono, monóxido de carbono, propano, metano, acetona, cianuro de hidrógeno, benzopireno, quinolina, nitrosaminas, alquitrán, o los metales tóxicos cadmio, arsénico, plomo y níquel, sustancias muchas de ellas cancerígenas y con un alto poder oxidante.

LAS PRINCIPALES ENFERMEDADES ASOCIADAS AL CONSUMO DE TABACO:

  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermedades respiratorias (EPOC, enfisema, bronquitis crónica).
  • Cáncer (pulmón, boca, faringe, laringe, esófago, estómago, páncreas, cérvix, riñón, uretra, vejiga, vesícula, páncreas, leucemia).
  • Úlcera gastroduodenal.
  • Problemas en el embarazo (madre y feto).
  • Enfermedad periodontal.
  • Depresión.
  • Envejecimiento prematuro de la piel.

La problemática sanitaria del paciente fumador  puede estar condicionada por los problemas nutricionales asociados al consumo de tabaco.

Estos riesgos, aumentan de forma proporcional al número de cigarrillos fumado y al tiempo de exposición, y se va reduciendo con el abandono del hábito, aunque el beneficio total no se observa hasta pasados 10 años del abandono del consumo de tabaco.

Los pacientes fumadores, a largo plazo, y tanto en la exposición activa como en la pasiva, tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades, sin embargo, todas estas enfermedades no pueden atribuirse de forma exclusiva al tabaco en sí, ya que los hábitos alimentarios, así como los bajos niveles de algunos micronutrientes en sangre encontrados en ellos, también podrían estar implicados en el desarrollo de la enfermedad, por lo que las intervenciones de salud en pacientes fumadores, no sólo deben centrarse en ayudar a dejar de fumar, sino que también mejorar la situación nutricional podría ser crucial a la hora de evitar o frenar, el progreso de padecer diversas enfermedades.

ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES E ICTUS.

El tabaquismo, constituye un factor de riesgo de daño coronario e infarto agudo de miocardio (IAM), en ambos sexos, y tanto en la exposición activa como en la pasiva y presentarse el primer episodio hasta una década antes que los no fumadores, por presentar mayores concentraciones de fibrinógeno en plasma, mayor agregabilidad plaquetaria, formación de trombos, e inestabilidad de placas de ateroma, pero, además, el tabaco reduce la fracción HDL-Colesterol, aumenta la concentración de la LDL-Colesterol , aumentando el perfil lipídico aterogénico que  podría verse acentuado al consumir dietas ricas en grasas saturadas.

Un aporte adecuado de vitaminas E, C, carotenos, y de otros antioxidantes contenidos en los alimentos, puede ejercer un efecto protector frenando los procesos de oxidación y atenuando, así, el riesgo aterogénico, también los aceites de pescado, ricos en ácidos grasos poliinsaturados de la familia omega-3, aportarían protección sobre  algunos de los efectos cardiovasculares adversos asociados al hecho de fumar.

Se sabe que los déficits en folatos, y/o los de vitaminas B6 y B12, cuyos niveles séricos están disminuidos en los fumadores, pueden elevar los niveles de homocisteína en suero con el riesgo posterior de desarrollar enfermedad cardiovascular produciendo coagulación anómala y aumento de la agregación plaquetaria, incrementando el riesgo cardiovascular. Por ello, un aporte adecuado de estas vitaminas resulta esencial en las personas que no son capaces de dejar de fumar.

Con respecto a la tensión arterial, el consumo de tabaco incrementa las cifras de tensión arterial tanto sistólica como diastólica junto con una mayor ingesta de sal por alteración del gusto que se da en los pacientes fumadores, agrava la hipertensión arterial.

CÁNCER.

Son numerosos los estudios que relacionan el padecimiento de distintos tipos de cáncer con el consumo de tabaco, el de pulmón encabeza la lista, también se asocia con cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, estómago, páncreas, cérvix, riñón, uretra y vejiga.

La incidencia de cáncer está relacionada, también con una dieta incorrecta como la alta ingesta de grasas saturadas, el abuso de alcohol y la baja ingesta de  nutrientes como carotenos,  vitaminas E, C, folatos, tiamina, niacina, piridoxina y fibra.

Diversos estudios han constatado la existencia de una relación inversa entre el consumo de verduras de la familia de las crucíferas (col, brócoli, coles de bruselas, etc.) y el riesgo de padecer diversos tipos de cáncer, por lo que aumentar el consumo de estos nutrientes al igual que las frutas y verduras, parece ser una prioridad.

EFECTOS SOBRE LA SALUD ÓSEA.

El riesgo de osteoporosis está incrementado, sobre todo en las pacientes delgadas, ya que, por un lado, las mujeres fumadoras llegan antes a la menopausia, siendo los estrógenos un factor protector frente a la osteoporosis.

Por otro lado el consumo de tabaco se asocia con una mayor descalcificación ósea, por acción tóxica sobre los osteoblastos, lo que hace que el riesgo de sufrir fracturas óseas sea mayor en fumadores. Además se asocia con bajo peso, sedentarismo, abuso de alcohol, grasas saturadas y cafeína, todos ellos factores de riesgo implicados en el padecimiento de osteoporosis. Se recomienda mayor consumo de lácteos enriquecida con calcio y vitamina D, así como la ingesta de vitaminas C, K, minerales potasio, magnesio y otros antioxidantes, abundantes en frutas y verduras.

CATARATAS.

En esta disfunción, se produce una opacificación de las lentes debido a un proceso oxidativo de las proteínas del cristalino, secundario al hecho de fumar y de hecho, son diversos los trabajos que han observado una mayor incidencia de cataratas en el colectivo de fumadores. Por lo cual, se recomienda mejorar la situación nutricional, especialmente, en relación con los nutrientes antioxidantes y que la mejora de la misma, pueda suponer una ayuda en la lucha contra la aparición de esta patología para aquellos fumadores que no deseen o no puedan dejar de fumar.

ÚLCERA GASTRODUODENAL.

El tabaco estimula la secreción ácida, altera la motilidad gástrica y reduce la secreción luminal de bicarbonato, con mayor riesgo de padecer úlcera gastroduodenal. Pero además, se ha comprobado que existe una asociación entre el hecho de fumar y la infección por Helicobacter pylori y aunque no está muy clara la razón de la mayor prevalencia de infección que se observa en los fumadores, el deterioro de la defensa antioxidante característico del colectivo, ha sido señalado como un importante agente causal, por lo que un aporte correcto de nutrientes antioxidantes podría jugar un papel protector en este sentido.

PROBLEMAS RESPIRATORIOS.

El humo del tabaco provoca lesión a nivel pulmonar, cuya patogenia está relacionada con la aparición de radicales libres siendo el principal factor causal de las enfermedades respiratorias como bronquitis crónica, enfisema pulmonar, enfermedad obstructiva crónica (EPOC), broncoespasmo por reagudización de patologías crónicas como el asma en adultos y niños expuestos al humo, se observa presencia de bajos niveles séricos de vitamina C (interviene en importantes funciones en el organismo entre las que destacan su participación en la respuesta inmunitaria, la absorción de hierro, la función pulmonar y la regeneración de la vitamina E, etc.), por lo que la mejora de la situación nutricional de esta vitamina podría suponer una ayuda a la hora de evitar o frenar estas complicaciones en los fumadores.

EFECTOS SOBRE LA SALUD DENTAL.

Además de su  papel como carcinógeno oral, el tabaco tiene efectos negativos sobre la salud periodontal, como periodontitis, con un aumento de enfermedad en el fumador pasivo. Se sabe que las deficiencias de vitamina C, ácido fólico y zinc, aumentan la permeabilidad de la barrera gingival, intensificándose la susceptibilidad de sufrir enfermedades periodontales. Otros nutrientes, cuya baja ingesta/bajos niveles en suero también son frecuentes en fumadores, como es el caso de los beta-carotenos o las vitaminas E y D, que ayudan a mantener la integridad de las encías. Además, recientemente se ha confirmado la existencia de una relación entre osteoporosis y enfermedad periodontal, que justificaría igualmente la interacción entre esta patología, el consumo de tabaco y la nutrición.

EFECTOS EN EL EMBARAZO Y RECIÉN NACIDO.

El tabaquismo es causa importante de morbilidad; así, como defectos congénitos, aborto espontáneo (por exposición uterina a los productos de combustión del tabaco, como reducción del flujo sanguíneo placentario), riesgo de embarazo ectópico, riesgo de muerte súbita del niño y bajo peso del recién nacido, también parece reducir la fertilización, la implantación y el éxito de obtener un embarazo en los tratamientos de reproducción asistida por llevar a menor producción de óvulos en la mujer fumadora tras estimulación ovárica y es dosis-dependiente.

La pauta más segura sería la de abandonar el hábito tabáquico y mejorar la dieta de este colectivo, especialmente en relación con las principales alteraciones observadas a nivel de los nutrientes (colesterol, vitaminas E, carotenos, C, B1, B2, B6, B12, ácido fólico, calcio, zinc, selenio, etc.) podría suponer un beneficio en la salud y calidad de vida de este grupo de población.

ENFERMEDAD ARTERIAL PERIFÉRICA.

Bajo el término enfermedad arterial periférica se incluyen todas las patologías relacionadas con la enfermedad ateroesclerótica que afectan a diferentes lechos vasculares: aorta, carótidas, arterias mesentéricas, renales y de los miembros superiores e inferiores.

Su presentación clínica abarca desde formas asintomáticas a isquemia crónica con ulceración y necesidad de amputación. Entre los factores de riesgo diabetes, dislipemia, hipertensión arterial, obesidad, es el Tabaco uno de los factores de riesgo más importantes, la gravedad de la arteriopatía  está relacionada directamente con el tiempo y número de cigarrillos consumidos es dosis dependiente. Sin embargo al año del cese del hábito tabáquico, la incidencia de desarrollo de claudicación intermitente se iguala al riesgo de los pacientes no fumadores, por ser un problema de salud muy importante, la valoración oportuna por especialista es de rigor.

ENFOQUE TERAPÉUTICO.

El tabaquismo es un trastorno adictivo crónico, en el que la recaída forma parte del proceso para dejar de fumar y su abandono se asocia con una reducción sustancial del riesgo de muerte por todas las causas.

Tanto por los estudios científicos y por lo referido por los propios pacientes,  dejar de fumar no es fácil, ya que el síndrome de abstinencia no desaparece hasta que transcurren tres o cuatro semanas, por lo que nuestro compromiso terapéutico con el paciente será una parte fundamental para que el tratamiento tenga éxito.

Se realizará una historia clínica incluyendo historia tabáquica completa, explorando intentos previos y ofrecer las opciones que existen para un nuevo intento, valoración analítica, tomaremos constantes (peso, tensión arterial, pulsioximetria)  y registro de consumo de alimentos, para valorar los déficits nutricionales secundario al hábito tabáquico y  de acuerdo a ello pautar dieta para cubrir esos déficits nutricionales y evitar el aumento de peso.

Actualmente se dispone de tratamientos eficaces para ayudar a dejar de fumar, de ahí que en todas las guías de práctica clínica se reconozca el papel de los profesionales como equipo multicompetente con intervención sistematizada como pieza clave en el abordaje de este problema, incluyendo intervenciones motivacionales, técnicas cognitivo conductuales y la influencia de enfoques sociales, actividad física programada y aportando una oferta de tratamientos farmacológicos.

Las directrices actuales en el tratamiento de la dependencia nicotínica establecen que el tratamiento farmacológico debe ser ofertado a todo paciente fumador que quiera hacer un intento serio de abandono, exceptuando los casos en los que existan contraindicaciones y en poblaciones específicas para las cuales no hay datos de eficacia suficiente.

Proporcionaremos material informativo adecuado, donde se describirá toda esta información de forma pormenorizada.

Con el tratamiento farmacológico se puede conseguir que hasta un 15-30% de los pacientes se mantengan abstinentes al cabo de un año, triplicando las posibilidades de éxito frente al abandono espontáneo.

El tratamiento más efectivo del tabaquismo requiere también el uso de intervenciones psicológicas conductuales. Para aumentar la eficacia de las herramientas farmacológicas proporcionaremos  intervenciones de asesoramiento conductual personales y/o grupales adecuadas.
La elección del fármaco será de acuerdo a las preferencias del paciente, su experiencia previa y ciertas características de este (antecedentes depresivos, preocupación por el peso, las contraindicaciones del mismo de acuerdo a patología de base, posibilidades económicas, etc.).

Valoraremos el síndrome de abstinencia, revisaremos tratamiento farmacológico prescito y los posibles efectos secundarios y si precisa un seguimiento más intensivo o incluso una posible derivación a especialistas para beneficio del paciente.

Dejar de fumar, supone un aumento de peso corporal, que puede inhibir, en algunos casos, el deseo de abandonar el hábito, pero la elevación del peso, además de ser transitoria, está enormemente influida por la dieta y la actividad física, por lo que las medidas para evitarlo deberían estar encaminadas a incrementar la actividad física y a evitar grandes aumentos en la ingesta de energía

PREVENCIÓN DE LAS RECAIDAS.
Las causas más frecuentes de la recaída son: los estados emocionales negativos (depresión, ansiedad, ira, frustración…), los conflictos interpersonales y la presión o contagio social. Otras causas menos importantes son: estados de ánimo positivos (celebraciones, fiestas…) y una enfermedad. La mayoría de las intervenciones serán dirigidas a identificar y resolver las situaciones tentadoras con terapia cognitivo conductual.

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